Frente al silencio.

Frente al silencio.

miércoles, 3 de junio de 2015

Anaïs Nin (II)



Más fragmentos:




      Leo sus páginas, trato de devolverle la seguridad para que pueda seguir trabajando. Debiera pedirle que dejara el estudio, que se buscara un sitio más barato, pero siento lástima cuando me dice:<< Es el único lugar que me da serenidad>>. Así que vuelvo a rendirme, y fantaseamos sobre futuros viajes, mientras me pregunto cómo voy a resistir un día separada de Gonzalo. (…)


***



      De vez en cuando pasa un barco y el río se estremece; el agua se agita y nuestro barco se balancea. Crujen las grandes vigas de madera; cruje también el árbol de la orilla al que estamos sujetos con cadenas, suspira, se lamenta. Y es como estar en el mar, navegando. Gonzalo se despierta en mitad de la noche y murmura: <<Estamos navegando>>. Acostados, nos sentimos encantados, hechizados, mimados, medio dormidos, drogados. (…)











      Mientras más lejos llego en mi vuelo sobre el sueño, sobre la esencia, tocando la bóveda del cielo y el centro de la tierra, más tensa es la cuerda de la realidad sobre mi cuello. Mientras más me muevo dentro de esta figuración mágica, más me sofoca un terror y una ansiedad innombrables. Expansión, tan amplia como un compás completamente abierto. ¿Pausa? O fatiga. Fatiga del alma, del cuerpo, del sexo... que buscan el absoluto sólo mediante la multiplicidad, un absoluto en abstracto, síntesis de elementos dispersos, no un hombre, un hogar, un amor, una cama. (…)

***



      La niebla cae pesadamente sobre mí. El domingo, febril, escribí tres páginas de mi película de <<horror>>. Empecé con los recortes de periódicos y luego los alteré hasta quedar desconocidos. No pude seguir copiando el diario de 1922, me dolía mucho. El presente, separadamente, parece soportable. El presente, por sí solo, parece hermoso menos cuando vuelvo a sentir mi antiguo apego por Henry. Henry, que pertenece al público, como una estrella de cine. Al mismo tiempo, con Henry puedo compartir una actividad electrizante que debo ocultar a Gonzalo. ¡Henry ya no duerme! Trabaja, escribe, mantiene la correspondencia, visita. Trabaja para mi libro. (…)








Anaïs Nin. “Fuego”. 1996, Siruela.



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