Frente al silencio.

Frente al silencio.

sábado, 28 de febrero de 2015

Juan Gelman.



ALBAS



El alba
que va del mar a la colina
con la huella del color que pasó y
la memoria del color que tendrá
la quietud de la sangre,
cruza árboles delante del invierno,
trae la dicha y la desdicha
del nacido de un cuerpo.
Pero qué sol el sol que cae
y saca palabras de la tierra:
cosecha el vuelo indestructible
de los granos del sueño.
El aire del amor en la
mano que dibuja la muerte.



In memoriam Rapi Diego






LA PRETENSIÓN



El disparate de la tristeza y
sus animales que
hurgan por todos lados
son más verdaderos que yo.
Estas palabras
son más verdaderas que yo.
Son materia y no tiempo,
en sus entrañas hay
una piedra que nunca se acaba.
Los hijos de los hombres creen
que mojarlas con vino
les quitará conciencia, fuego.
Hay palabras que esperan y nadie las toma.
Solas ahí en silencio florido.










NOVEDADES



Sueño mi sueño preferido
y la noche no termina nunca.
Los árboles muestran su alfabeto
y astros que
hablan del infinito
de cada soplo del vivir.
Construyo madres idas
con la mano puesta en la noche.
¡Qué bello era su rincón
donde ecos vagos la nombraban!
Así, de espaldas a mí,
se fugaba a un país besado
por su aterida juventud.
Madre que
cocinabas distancias
en las ollas del día.
Todavía me hablás
en las grietas del tiempo.








Juan Gelman. “Mundar”. 2008, Visor Poesía.



viernes, 27 de febrero de 2015

Roberto Bolaño.




Fragmentos



I


El Quemado llegó al hotel. Subimos sin que nadie nos viera. Le mostré el juego. Las preguntas que hizo fueron inteligentes. De pronto la calle se llenó de ruidos de sirenas. El Quemado salió al balcón y dijo que el accidente era en la zona de los campings. Qué estupidez morir en vacaciones, observé. El Quemado se encogió de hombros. Llevaba una camiseta blanca y limpia. Desde donde estaba podía vigilar la masa informe de sus patines. Me acerqué y le pregunté qué miraba. La playa, dijo. Creo que podría aprender a jugar rápidamente. (...)





II


El nombre del Quemado no lo sé. Ni me importa. Como tampoco me importa ahora su nacionalidad. De dónde sea, da lo mismo. Conoce al marido de Frau Else y eso sí que es importante; dota al Quemado de una capacidad de movimiento insospechada; no sólo se codea con el Lobo y el Cordero sino que también está inclinado a la conversación más elaborada (es de suponer) del marido de Frau Else. No obstante, ¿por qué hablan en la playa, en plena noche, como dos conspiradores, en lugar de hacerlo en el hotel? El escenario es más propio de un complot que de una conversación distendida. ¿Y de qué hablan? El tema de sus encuentros, no me cabe la menor duda, soy yo. Así, el marido de Frau Else sabe de mí por dos conductos: el Quemado le cuenta la partida y su mujer le cuenta nuestro flirt. Mi situación frente a él es desventajosa, yo no sé nada, excepto que está enfermo. Desea que me marche; desea que pierda la partida; desea que no me acueste con su mujer. La ofensiva del Este prosigue. (…)








III



La tormenta no ha tardado en estallar y ahora la lluvia golpea el balcón abierto como una mano muy larga y huesuda, oscuramente maternal, que quisiera advertirme sobre los peligros de la soberbia. Las puertas del hotel no están vigiladas, por lo que el Quemado no ha tenido ningún problema en subir solo a mi habitación. El mar está subiendo, murmura en el interior del baño adonde lo he arrastrado, mientras se seca la cabeza con una toalla. Es el momento ideal para golpearlo pero no muevo ni un músculo. La cabeza del Quemado, enguantada en la toalla, ejerce sobre mí una fascinación fría y luminosa. Bajo sus pies se forma un charquito de agua. Antes de comenzar a jugar lo obligo a quitarse la camiseta mojada y a ponerse una mía. Le va un poco estrecha pero al menos está seca. El Quemado, como si a estas alturas regalarle algo fuera de lo más natural, se la pone sin decir palabra. Es el fin del verano y es el fin del juego. El frente del Oder y el frente del Rin se deshacen a la primer embestida. El Quemado se mueve alrededor de la mesa como si danzara. Tal vez eso es precisamente lo que hace. Mi último círculo defensivo está en Berlín-Stettin-Bremen-Berlín, lo demás, incluidos los Ejércitos de Baviera y el norte de Italia, queda desabastecido. ¿Dónde dormirás esta noche, Quemado?, dije. En mi casa, contesta el Quemado. Las otras preguntas, que son muchas, se me atoran en la garganta. Después de despedirnos me instalé en el balcón y contemplé la noche lluviosa. Suficientemente grande como para tragarnos a todos. Mañana seré derrotado, no hay duda.








Roberto Bolaño. “El Tercer Reich”. 2010, Editorial Anagrama.





jueves, 26 de febrero de 2015

Ana Patricia Moya.



POEMA.


Quedaos con la esencia
con los pensamientos puros
con la custodia del arte
con la belleza y otras lindezas
con la estética y la ética
con lo divino y lo humano
con la sabiduría, el reconocimiento
la gloria, la fortuna, el amor y las riquezas
yo vengo a llevarme la bolsa
de ropa sucia

(José Pastor González)

No le preguntes
qué quiere decir vida
qué significa dignidad,
a ninguno de esos comisarios
de arte policial
y pensamiento infame.
No le preguntes nada
a ninguno de los expertos
en burocracia y baboseo.
El futuro de la poesía
está, como el de todo,
en manos del hampa criminal
y sus mafias de cretinos.

(Manuel Lombardo Duro)


Poeta comprometido con este cadáver de sociedad,
con las irresponsabilidades que devastan este planeta,
con tus compañeros amantes de las letras,
todo esto, a ti, te importa un carajo
porque te dan igual las colas kilométricas de los comedores sociales,
la privatización sanitaria, los desahucios,
los conflictos armados que arrasan continentes,
el calentamiento global, la extinción de las especies,
los poetas fuera de tu círculo a los que tratas como escoria
y a los que te aproximas, sin escrúpulos, para alcanzar la cúspide.
Porque sólo existe un único eje en tu existencia
                       - tu ombligo y el de tus “simpatizantes” -,
porque sólo escribes sobre modas falsas y rentables
- ansías de sobrevivir con mentiras entre páginas de papel,
de reafirmar tu dudosa legitimidad con premios y menciones -,
porque tu verdad se resume en mil falsedades.
                                Tu palabra no auténtica es un cáncer
y tus manos, ausentes de honestidad,
violan a su antojo a la poesía,


                                                        tu puta favorita.




Ana Patricia Moya. Poema de "Píldoras de papel", edición española, de "Mi corazón es una tundra".

miércoles, 25 de febrero de 2015

Juan Corredor.



Fragmentos.


I

La literatura será autobiográfica o no será. Toda la producción literaria de Bukowski es, siguiendo el postulado de Jules Michelet, una lectura del yo. El escritor angelino se revela así como un autor radicalmente moderno gracias a una reivindicación del individualismo propio de la sociedad postmoderna, frente al carácter social de otras épocas.

Decía Francisco Umbral que lo autobiográfico sólo da para cuatro mil folios, pero hay que conseguir que dé para cuarenta mil. El escritor que ahonda en su interior tendrá ya garantizada para siempre su creación, pues lo manantiales del yo nunca se secan y aseguran, asimismo, la originalidad absoluta. La narración del yo frente a la narración de los otros. Pero lo memorialístico, plasmado en la escritura (sea ésta más o menos ficticia) no se comprende si se desliga de la experiencia no sólo del creador, sino también del lector. Ningún autor tiene mejor obra que su propia vida, ficcionalizando lo autobiográfico y autobiografiando lo ficticio. (…)





II

En un momento dado de su carrera a Bukowski empiezan a lloverle ofertas para declamar sus versos en locales públicos, primero en clubs nocturnos de Los Ángeles y, más tarde, en librerías, centros culturales e incluso universidades de todo el país. Los recitales poéticos ofrecen muchas ventajas; son una nada despreciable fuente de ingresos para un escritor siempre necesitado de dinero. Son igualmente otra manera de dar lustre a la propia figura, por más que Bukowski los menospreciara con un desganada <<sirven para pagar el alquiler>>.

La puesta en escena es siempre idéntica. Durante la noche y las horas previas al recital necesita ingerir más cerveza y whisky de los habituales. La inminencia del encuentro con el público le pone exaltado, le desasosiega de una forma ante la que se resuelve internamente. Cuánto mejor no sería estar en mi casa de Los Ángeles, delante de mi máquina y con el legado de mis escritores favoritos detrás, se dice. Si el desplazamiento debe hacerse en avión las crisis de ansiedad se agudizan.

Junto a la mesa con la lámpara y sus papeles, Bukowski exigirá siempre la presencia de una nevera en el escenario. El electrodoméstico consigue domesticar un poco su temperamento, le recuerda al familiar frigorífico de su casa, a su propia cocina, además de contener el suficiente número de botellines de cerveza como para dar de beber a un regimiento. (…)








III

Bukowski muere el 9 de marzo de 1994, cuarenta años después que un médico del hospital del condado le explicara que fallecería si tomaba una copa más.

Linda lee reside aún en la vivienda de San Pedro que ambos compartieron. No ha tocado nada en el estudio de trabajo del escritor, que permanece inalterado desde el día de su muerte. A veces, cuando por las ventanas entra la suave noche de Los Ángeles y la autopista es una culebra fulgurante, Linda Lee sube a esa habitación y llora porque siente todavía el olor a Bukowski. El olor de la literatura.





Juan Corredor. “Charles Bukowski. Retrato de un solitario”. 2014, Editorial Renacimiento.




martes, 24 de febrero de 2015

Charles Bukowski.




12/09/91                                                     23.19 h.



No ha habido caballos hoy. Me siento extrañamente normal. Sé por qué Hemingway necesitaba las corridas de toros, le servían para enmarcar el cuadro, le recordaban dónde estaba y lo que era. A veces nos olvidamos, mientras pagamos los recibos del gas, cambiamos el aceite, etc. La mayoría de la gente no está preparada para la muerte, ni la suya ni la de nadie. Les sobresalta, les aterra. Es como una gran sorpresa. Demonios, no debería serlo. Yo llevo a la muerte en el bolsillo izquierdo. A veces la saco y hablo con ella: >>Hola, nena, ¿qué tal? ¿Cuándo vienes a por mí? Estaré preparado.>>

No hay que lamentarse por la muerte, como no hay que lamentarse por una flor que crece. Lo terrible no es la muerte, sino las vidas que la gente vive o no vive hasta su muerte. No hacen honor a sus vidas, les mean encima. Las cagan. Estúpidos gilipollas. Se concentran demasiado en follar, ir al cine, el dinero, la familia, follar. Sus mentes están llenas de algodón. Se tragan a Dios sin pensar, se tragan la patria sin pensar. Muy pronto se olvidan de cómo pensar, dejan que otros piensen por ellos. Sus cerebros están rellenos de algodón. Son feos, hablan feo, caminan feo. Ponles la gran música de los siglos y no la oyen. La muerte de la mayoría de la gente es una farsa. No queda nada que pueda morir.

Veréis: necesito los caballos. O pierdo mi sentido del humor. Una cosa que la muerte no soporta es que te rías de ella. La risa verdadera de ja fuera de combate las peores expectativas. No me río desde hace 3 o 4 semanas. Algo me está comiendo vivo. Me rasco, me retuerzo, miro a mi alrededor, intentando encontrarlo. El Cazador es listo. No lo ves. O no la ves.

Tengo que llevar el ordenador al taller. No os deleitaré con los detalles. Algún día sabré más de ordenadores que los propios ordenadores. Pero ahora mismo esta máquina me tiene agarrado por los huevos.

Conozco dos editores que están muy ofendidos por la existencia de los ordenadores. Tengo dos cartas suyas, y despotrican contra el ordenador. Me sorprendió mucho la amargura de sus cartas. Y el infantilismo. Soy consciente de que el ordenador no puede escribir por mí. Si pudiera, no lo querría. Pero estos dos tipos se enrollaban demasiado. Insinuaban que el ordenador no era bueno para el espíritu. Bueno, muy pocas cosas lo son. Pero yo estoy a favor de la comodidad; si puedo escribir el doble y la calidad es la misma, entonces prefiero el ordenador. Cuando escribo vuelo, enciendo fuegos. Cuando escribo saco a la muerte de mi bolsillo izquierdo, la lanzo contra la pared y la agarro cuando rebota.

Estos tíos piensan que tienes que pasarte la vida en la cruz, y sangrando, para tener alma. Te quieren medio loco, babeándote la camisa. Yo ya me he cansado de la cruz, tengo el depósito hasta arriba. Si puedo seguir bajado de la cruz, me queda combustible de sobra para continuar. Demasiado combustible. Que se suban ellos a la cruz, les daré mi enhorabuena. Pero el dolor no crea la escritura; la crea un escritor.

En cualquier caso, a llevar esto al taller, y cuando esos dos editores vean mi obra escrita a máquina otra vez, pensarán: <<Ah, Bukowski ha recuperado el alma. Esto se lee mucho mejor.>>

Ah, bueno, ¿qué sería de nosotros sin nuestros editores? O mejor aún, ¿qué sería de ellos sin nosotros?








Charles Bukowski. “El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco”. 2000, Editorial Anagrama.




lunes, 23 de febrero de 2015

Franz Kafka.




Fragmento




Gregorio casi no comía. Al pasar junto a los alimentos que tenía dispuestos, tomaba algún bocado a modo de muestra, lo guardaba en la boca durante horas, y casi siempre volvía a escupirlo. Al principio, pensó que su desgana era efecto de la melancolía en que lo suplía el estado de su habitación; pero se habituó muy pronto al nuevo aspecto de ésta. Habían ido tomando la costumbre de colocar allí las cosas que estorbaban en otra parte, las cuales eras muchas, pues uno de los tres cuartos de la casa había sido alquilado a tres personas. Esos tres señores formales los tres usaban barba, según comprobó Gregorio cierta vez por el ojo de la cerradura cuidaban que reinase un orden escrupuloso, no sólo en su propia habitación, sino en el resto de la casa, ya que vivían en ella, especialmente en la cocina. Cosas inútiles, y mucho menos objetos mugrientos, les resultaban insoportables.

Además, habían traído consigo buena parte de su mobiliario, lo cual hacía innecesarias varias cosas imposibles de vender, pero que tampoco se querían tirar. Y todas estas cosas iban a parar al cuarto de Gregorio, de igual modo que el tacho de las cenizas y el cajón de la basura. Aquello que de momento no había de ser utilizado, la sirvienta, que en esto se daba mucha prisa, lo arrojaba al cuarto de Gregorio, quien, por suerte, la mayoría de las veces sólo lograba divisar el objeto en cuestión y la mano que lo esgrimía. Quizás ella tuviese el propósito de volver en busca de aquellas cosas cuando tuviese tiempo y ocasión, o de tirarlas fuera todas de una vez, pero el hecho es que permanecían allí donde habían sido arrojadas en un principio. A menos que Gregorio se revolviese contra el trasto y lo pusiese en movimiento, impulsado a ello primero porque éste no le dejaba ya sitio libre para arrastrarse y luego con verdadero afán, aunque después de tales paseos quedase horriblemente triste y fatigado, sin ganas de moverse durante horas enteras. (…)








Franz Kafka. “La Metamorfosis”. 2009, Ediciones Brontes S.L.




domingo, 22 de febrero de 2015

Joaquín Piqueras.




1º Secuencia


Etapa muda





SALIDA DE LOS OBREROS DE LA FÁBRICA


Una fotografía en blanco y negro
en un ajado álbum de familia
genera una violenta panorámica
hacía el pasado, que desemboca
en este plano fijo de la memoria:
obreros saliendo de una fábrica,
obreros con caras sucias y almas
hipotecadas, hombres y mujeres
vestidos de azul, que saben lo que es
el sudor en el frente de la vida,
y entre ellos, mi madre, rostro anónimo
que regresa a su hogar, con el pan
bajo el brazo y un adiós en el pecho.





VIDA DE PERRO


Qué arduo empeño
el ser feliz en esta
vida de perros.











2º Secuencia


Etapa Sonora (I)




SOLO ANTE EL PELIGRO


El tiempo ha dictado su sentencia,
las manecillas del reloj avanzan
deshaciendo lo poco que te queda
                                              de vida,
y en este angustioso compás
de espera de nada sirven los ánimos,
ni las palabras de amor, palabras,
estás solo y ésta es la única verdad,
viene la muerte, tan jodiendo,
y te hallas asustado, pero no
agradecido, pues tu vida acaba,
y tu vivir se desordena para
                                            siempre.











3º Secuencia

Etapa sonora (II)





CINEMA PARADISO

Es curioso que los colores del mundo real sólo
parecen verdaderos cuando los vemos en una pantalla”
                                                              Stanley Kubrick


Yo amaba la cabina
del cine Avenida,
desde allí mi padre proyectaba
en la blanca e inmaculada pantalla
de la infancia nuestra auténtica vida,
sí, porque nosotros, mi hermano y yo,
entrábamos gratis todas las noches,
deseando ver esos fogonazos
iniciales que anunciaban una
nueva aventura por vivir,
y unas veces nuestra vida era un drama
con un esperado final feliz,
otras era una comedia o un western
o puro cine negro o de suspense,
y temblábamos de miedo con esas
pelis en las que Christopher Lee
se le encendían los ojos de rojo,
pero era un miedo distinto a ese otro
que uno sentía al salir a la calle
y veía cómo los argumentos
se desbarataban en esa suerte
de fotogramas anodinos
que constituían el más allá
de la pantalla, ese sucedáneo
que todos llamaban realidad,
y que para nosotros era,
allá en los primeros años setenta,
en un pequeño pueblo de provincia,
un infierno triste y descolorido.
Así que cuando accedíamos
a nuestra butaca y mirábamos
hacía atrás, hacía arriba, hacía el cielo,
a esa cabina en la que nuestro padre
era Dios, aunque después fuera nadie,
y, sin saberlo, nos alentaba,
pensábamos que eso era nuestra vida,
que todo lo demás no era sino
tomas falsas y cualquier parecido
con las ficciones, pura coincidencia.







Joaquín Piqueras. “TOMAS FALSAS (V.O)”. 2010, Poesía Las Palmas de Gran Canaria.





sábado, 21 de febrero de 2015

Paul Auster.




Fragmento de entrevista



Sus últimos libros son memorias, Diario de invierno e Informe del interior. ¿De dónde surge la necesidad de recordar?

Tenía la urgencia. Estoy más viejo. He notado que estoy pensando cada vez más sobre la infancia y quería tratar de explicármelo. Ahora estoy escribiendo una novela larga, lo más complejo que he escrito. Creo que demoraré unos dos o tres años más. Todos los días escribo hasta las cuatro de la tarde y en ese punto mi cerebro está frito, estoy tan cansado que apenas puedo moverme. Me cuesta tanto escribir apenas una página.

¿Siempre fue tan doloroso?

Creo que todos los artistas, de una u otra forma, son personas dañadas. Y a veces el mundo real no es suficiente. Tenemos que explorar un mundo inventado. Admiro a la gente que se contenta con las cosas como son, que viven en el presente y no tienen la carga que parecen tener los artistas. Es una compulsión, como una enfermedad. Si estás enfermo, seguramente debes tomar pastillas; ser escritor es algo parecido: debes lidiar con tu enfermedad sentándote todos los días a escribir.




Paul Auster. Extracto de una entrevista concedida en Santiago de Chile a Roberto Careaga. 2014.




viernes, 20 de febrero de 2015

Juan Bonilla.




INSOMNIO


     No me deja dormir el ruido que hacen los astros al girar
constantemente.

     No me deja dormir el ruido que hacen los desiertos del
mundo al extenderse.

     No me deja dormir el ruido que hace al inclinarse la
Torre de Pisa.

     No me deja dormir el ruido que hacen las palomas al
destruir las catedrales góticas.

     No me deja dormir el ruido que hacen los cuerpos que
se están amando ahora.

     No me deja dormir el ruido que hace el tiempo al
caminar, arrastrando cadenas que están hechas con sueños
de los que ya se han dormido.








UN PLIEGUE DEL PASADO



      El talco de la luna se borraba en los rincones
y de repente se escuchó la voz
de la portera al despuntar el alba.
      El agua dentro de las cañerías
tosía con violencia, como un viejo con asma.

      Nos miramos, sonreíste
con la elocuencia de lo inexpresable.
     Te quiero, dije, pero ¿quién
no ha dicho alguna vez te quiero
cuando en el fondo quiso
decir qué hermosa estás?

      Después, en la autopista
los chopos parecían agujas vegetales que hilvanaban
un sueño muy fugaz de noche rota.

     Cuando trascurra el tiempo
recordaré fragmentos de ese sueño
deshechos en la bruma de otro otoño.
     Tal vez entonces se abran
en mi interior reproches que ahogaré,
con gesto displicente,
siguiendo calle arriba más aprisa.

      La amargura, si llega a cobrar fuerza,
acaso me devuelva algo de ti,
un detalle banal, aquel lunar, un gesto sólo,
que se había escondido sin que lo recordara
en un pliegue sombrío
de ese pasado que, en defensa propia,
ya has olvidado minuciosamente.









EL VIAJERO



Allí de donde vengo nadie me retenía.
Sé que nadie me espera donde voy.

Por la ventana quietos desfilan los paisajes.
Sería hermoso no llegar a ningún sitio.

      Permanecer así:
viajando de un lugar que ya no existe
a otro que nunca existirá.







UNA MANERA DE MUERTE NATURAL


      Otra vez he pensado en el suicidio
como quienes se entregan después de mucho tiempo
a un vicio que les han prohibido
por prescripción facultativa.

      Otra vez he pensado en el suicidio,
no como solución: como venganza
contra ese porvenir cuyos latidos
golpean mi sienes
con el puño cerrado del insomnio.

      Otra vez he pensado en el suicidio
porque vivir se ha ido convirtiendo
en la costumbre enferma de añorar
paraísos cerrados para siempre.

      ¿Dónde recuperar a estas alturas
toda esa vida que gastamos
precisamente en no vivirla,
toda esa vida cuya culpa pesa
sobre estas noches entregadas al deseo
impotente de dormir?

      Otra vez he pensado en el suicidio:
la muerte natural de los insomnes.
      No como solución: para vengar
esa vida mejor que hemos perdido.







TELEGRAMA DEL INSOMNE


Tres de la madrugada. Sevilla.
Treinta y seis grados. No puedo dormir.
Escucho derretirse el porvenir.
El insomnio es una pesadilla.










Juan Bonilla. “Partes de Guerra”. 1998, Pre-textos, poesía.





jueves, 19 de febrero de 2015

Lidia Li.




NO ES TAN FIERO EL DRAGÓN



A veces me desvelo por las noches
aterrada por los más negros presagios,
y al ver tu espalda junto a mí dormida
me da por pensar que tú no fueras tú
sino otro más fuerte, más valiente, más audaz,
un héroe que matara sin dudar al dragón
que invade el territorio de mis sueños.
Pero luego pienso en la pobre bestia muerta
y la compasión me hace romper en llanto:
sé que tú le hubieras amansado
acariciando dulcemente la testa terrible
y deslizando las más tiernas palabras
en los oídos abrasados y rebeldes
y feliz dormiría a los pies de nuestra cama
como un fiel perro para siempre.
La ternura asalta mi pecho por sorpresa
y mi amor por ti se dispara al infinito
y celebro que tú seas tú y no otro,
mi dulce compañero y amigo,
domador de mis furias y dragones
.



Lidia Li. De su muro de Facebook. 2015



miércoles, 18 de febrero de 2015

Jack Kerouac.



FRAGMENTO



…¡No sabes lo que le debo al Desolación! Gracias, te estaré agradecido siempre por guiarme hasta este lugar donde lo he aprendido todo. Ahora ha llegado el triste momento de volver a las ciudades y soy un par de meses más viejo y existe toda esa humanidad y los bares y los espectáculos y el amor valiente, todo cabeza abajo en el vacío. ¡Dios lo bendiga todo! Pero Japhy, tú y yo lo sabemos para siempre. ¡Oh, juventud eterna! ¡Oh, eterno llorar! Abajo, en el lago, aparecieron reflejos rosados de vapor celestial y dije: ¡Dios mío, te amo! Y volví la vista al cielo y sentí de verdad lo que decía. Me he enamorado de ti, Dios mío. Cuida de todos nosotros. No importa como sea.

A los niños y los inocentes todo les da igual.

Y siguiendo la costumbre de Japhy de doblar una rodilla y dedicar una breve oración al lugar que dejaba, como cuando dejó la sierra, y en Marin, y cuando ofreció una oración de gratitud al dejar la cabaña de Sean el día en que iba a embarcarse, del mismo modo yo, al bajar de la montaña con la mochila a cuestas, me volví y me arrodillé en el sendero y dije:

Gracias, cabaña. —Y en seguida añadí—: ¡Bah! —haciendo una mueca, porque sabía que aquella cabaña y aquella montaña comprenderían lo que quería decir.

Después di la vuelta y seguí sendero abajo de vuelta a este mundo.







Jack Kerouac. “Los vagabundos del Dharma”. 1996, Editorial Anagrama.



lunes, 16 de febrero de 2015

Mario Benedetti.




No te salves



No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
             no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
          pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
                entonces
no te quedes conmigo.








Mario Benedetti. “Antología poética”. 1989, Alianza editorial.



Más: "No te salves" en la voz de Sola. 






domingo, 15 de febrero de 2015

Diana Álvarez.



II

LA MUJER DE PAPEL



Antaño llovieron palabras en mi piel,
derramada de un árbol herido,
sueños de poetas, cuentos de hadas,
recuerdos

Perdidos legajos en las cunetas
y las riberas de ríos estancos,

ardida en rayos de sol,
mujer de papel escrita,
leída con la caricia tenue
antes de ser arrancada,

mujer de papel estremecida
que se lee y se relee
en sus páginas
hasta descubrirse una noche
concluida.

Derramada de un árbol herido,
herida de tinta y palabras,
mujer de papel que se arroja
sobre el polvo de un estante.









Diana Álvarez. De su poemario: “LA MUSA SUMERGIDA”. 2013, inédito.




viernes, 13 de febrero de 2015

Juan Soto Ivars.



La Emperatriz se despide


Corro a tomar notas en busca de la buena muerte. Hoy no soy cronista, soy un nieto que despide a su yaya. Un nombre cifrado: Virginia Rubio Francés, que nada tiene de poderoso salvo para los súbditos de la Emperatriz. Rescataré algunos momentos de esta despedida dulce para dárselos a ustedes. La muerte de los seres queridos no es noticia salvo para quienes la padecen, pero espero que estas anotaciones les sirvan de consuelo si a ustedes les llega el momento.
Es la habitación del hospital y mi tío sujeta la mano a la emperatriz y la mira con una extraña intensidad. Ella abre los ojos lentamente y le dedica a su hijo la mirada de un recién nacido. Las luces permanecen atenuadas. Pensaba que sería terrible, pero la muerte es dulce y lenta y ámbar como una gota de resina que se desliza por el tronco de un árbol. Mi tío quiere que ella le vea. Dedica a esta tarea toda su paciencia, pues la emperatriz apenas abre los ojos. Cuando ocurre, él acerca su aliento tímido al aliento débil de la emperatriz y sonríe. En esa sonrisa, la de un hijo ante su madre moribunda, está codificada toda la bondad del universo.
La emperatriz ha encogido bajo las sábanas del hospital, se consume despacio en la cama reclinable. Nos turnamos en los flancos y nos apoyamos en la barandilla de la cama. Ayer bromeaba, decía que la habían metido en un gallinero. Hoy se le ha marchitado la voz. Como la sujetamos de las manos, tengo la impresión de que hijos y nietos llevamos a la emperatriz de la mano hacia el final de su reinado.
No todo es tristeza y majestuosidad. Los súbditos de la Emperatriz tenemos tendencia permanente a la broma y la algarabía. Mi prima tiene una perrita que le trajeron los Reyes Magos. Es un cachorro travieso y suave que intenta lamer nuestra boca. Una pequeña vida que invade con su alegría el decadente palacio imperial, la casa de la yaya. El bicho pasa corriendo con pataleo borracho hacia la habitación clausurada de la emperatriz, inconsciente del peso de la ausencia en esas sábanas. Aventa el aire, lo renueva, es una vida pequeña, toda ella ingenuidad. El emperador encuentra consuelo en la perrita, la atrae hacia sí y celebra sus juegos. Pienso que la perra es un lazarillo bueno que acompaña al yayo a la viudez.
Pero cae la noche y la casa se duele en la extrañeza para quienes no hacemos turno en el hospital. Es como si la casa supiera que la Emperatriz no volverá a habitarla. Las paredes están aturdidas, el olor se repliega en los rincones, los pasillos se hacen más largos cuando los quieres cruzar. Pero atención, porque el Emperador nos consuela y nosotros debemos consolarlo. Luchamos contra el vacío que se apodera del palacio imperial. A la hora de comer, el yayo se permite una pequeña queja:
-Bueno, ahora se va tu hermano, luego te vas tú, tu madre, la yaya no está… Aquí nos quedamos en cuadro, ¿sabes?
No hay un ápice de autocompasión. Es una tristeza amable e informativa y a continuación el Emperador sigue hablando de naranjas con la invitada, que es valenciana como él.
-Las naranjas de Carcajente son mejores que las de Sueca.
Por la noche le hago una tortilla de patatas. Desastre absoluto, el resultado es un engrudo de huevo semiquemado con patatas a medio freír y aceitosas.
-Es la mejor tortilla que he tomado en años -dice el Emperador, mientras la prima y yo nos reímos. Pero él lo dice muy en serio, detecta el cariño con que está hecho este atentado al paladar. Me quedo escribiendo estas notas y el emperador mira la tele con el puro encendido entre los dedos. Al momento lo oigo roncar en el trono imperial, el puro cuelga de la mano, jamás se le cae, puesto que fuma desde los catorce años.
Al día siguiente pasa la noche con la Emperatriz en el hospital. Le toma el pulso cada diez minutos, preparado para dar pelea o saludo a la muerte si aparece. Pero como suele ocurrir, la muerte se hace esperar. Pasa otro día y la emperatriz enmudece.
Tiene la boca abierta y los ojos cerrados. Es la expresión de los moribundos pero también de quienes duermen la siesta. Durante sus siestas interminables de después de comer, rodeábamos a la Emperatriz con despreocupación, aturullados por las pequeñas cosas del día, agobiados por el ruido de la telenovela. La emperatriz roncaba, despertaba, miraba un rato de la telenovela y del aburrimiento se volvía a dormir. Le gustaba más el programa de Arturo Valls donde la gente cae despeñada cuando se abren las trampillas bajo sus pies.
-¡Hala, al hoyo, al hoyo!
Ahora nos asomamos de otra forma al pozo de su boca. Casi podemos ver con los ojos el aire precioso que penetra en el cuerpo de la Emperatriz. Cada bocanada se hace fundamental e inolvidable. Vigilamos su boca como si fuera a pronunciar una palabra. Yo la cojo de la mano por última vez. Noto el calor de la mano que me daba uva de pequeño, que hacía buñuelos de viento y pelotas de cocido, nuestra vida común pasa por delante de mis ojos e impongo mi rostro ante su rostro. Entonces, la emperatriz nota un cambio, reúne sus fuerzas, abre los ojos y me sonríe. Suena un Juan casi de otro mundo y sé que esta es la palabra que yo estaba esperando.
Me tengo que ir y al día siguiente recibo este mensaje de mi tía, que estaba con ella cuando murió: “Es como si mil mariposas tiraran lentamente de ella y se fueran llevando su aliento poco a poco. Se ha ido sin oponer resistencia. Suavemente.”
Así es como han de caer los imperios.



Juan Soto Ivars. 2015. De su página web:https://juansotoivars.wordpress.com/